Para un editor, corregir un original es mucho más que detectar errores. Está en sus manos la interpretación que pueda hacerse de lo que se publica y más aun cuando se trata de publicaciones de tipo académico, donde un error o una interpretación equivocada pueden llevar a graves consecuencias.
En el caso particular del paper o artículo de investigación científica, el editor debe conocer, más allá de la gramática y la normativa, cuáles son los elementos que hacen a este género, el orden de cada uno de ellos, el vocabulario que requiere y el estilo que debe adoptar. Tanto el editor como el corrector deben garantizar que el artículo sea consistente y que su redacción esté en óptimas condiciones, no solo por las repercusiones que pudiera tener a nivel práctico (en el caso de un paper de Medicina o Geografía, por citar algunos ejemplos) sino también porque para que este documento sea considerado, debe contar con el aval de la comunidad científica a la que pertenece.
Es preciso tener en cuenta que las publicaciones académicas requieren de la evaluación y aprobación de los colegas especialistas en la materia sobre la que se publica (sistema de referato) y es por este motivo que se deben seguir ciertas normas y pautas impuestas por la comunidad: no incurrir en vaguedades o ambigüedades, utilizar el vocabulario adecuado a la complejidad del artículo y de acuerdo al nivel del público al que se dirige, respetar el orden preestablecido para ciertas disciplinas (por ejemplo, IMRC –Introducción, Metodología, Resultados y Conclusiones–, muy utilizado en las ciencias duras), inclusión de citas de autoridad relevantes y acordes al contenido, utilización de tablas, gráficos y otros elementos paratextuales que colaboren en la comprensión e interpretación del artículo, etcétera.